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Gnathostoma spp.
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Gnathostomiasis:

1. Enfermedad parasitaria prevalente principalmente en el sudeste asiático, sobre todo en Tailandia y Japón. Se ha introducido en algunos países de América Latina, sobre todo en México, donde ha llegado a ser un problema emergente de salud pública.

2. Etiología: Diversas especies del género Gnathostoma, siendo la más importante G. spinigerum , conocido desde 1836. Desde entonces se han identificado 12 especies de Gnathostoma. Hasta hace poco tiempo se consideraba a G. spinigerum como el único causante de gnathostomiasis humana, pero también puede producirla otras especies, como G. hispidium, G. nipponicum, G. doloresi y, probablemente, G. malayasiae. El parásito adulto vive en la pared gástrica del huésped definitivo (felinos, canidos y diversos carnívoros salvajes). Se adquiere por ingesta, principalmente, de pescado, aves y reptiles crudos o poco cocinados, contaminados por larvas infectantes de tercer estadio del parásito. Es posible el contagio cutáneo al atravesar las larvas la piel durante la manipulación de alimentos, o al manipular reptiles o anfibios con fines terapeúticos.

3. Período de incubación: Suele ser de 3-4 semanas, pero puede ser de 1-2 días (dolor abdominal y urticaria) a años.

4. Clínica: Las larvas infectantes de tercer estadío no sufren transformaciones en el hombre, sino que migran por el tejido subcutáneo y/o órganos internos. La mayoría de las veces, los síntomas son leves y transitorios, pero, si los parásitos migran a órganos vitales, pueden causar enfermedad severa, incluso mortal. Las manifestaciones más frecuentes son cutáneas: tumoraciones subcutáneas transitorias y recurrentes, de localización cambiante, pruriginosas, no dolorosas y que suelen durar una semana. Las tumoraciones cutáneas pueden reaparecer cerca o a distancia de la localización primaria. El intervalo entre episodios de las tumoraciones puede ser de días meses o años. Menos frecuente es el paso de la larva del Gnathostoma por debajo de la piel, produciendo un surco subcutáneo transitorio, semejando una larva migrans cutánea. Puede haber urticaria. Siguen en frecuencia las manifestaciones neurológicas, como meningitis eosinofílica, localizaciones en médula espinal, etc., siendo además las localizaciones más graves. En realidad, el parásito puede localizarse en cualquier órgano,. Hay hipereosinofilia en el 70% de los casos, pero no es un dato obligatorio. En España se comunicaron dos casos autóctonos por G. hispidium en 1954 en Granada, con un cerdo como huésped definitivo.

5. Diagnóstico: El diagnóstico de certeza es la identificación de las larvas en su paso subcutáneo, sirviendo también como medida terapeútica. Esto es posible en pocas ocasiones, y el diagnóstico se basa en el antecedente epidemiológico de ingesta de alimentos compatibles, el cuadro clínico característico y serología positiva, aunque ésta puede tener reacciones cruzadas con otros nematodos.

6. Diagnóstico diferencial: Con otros procesos que causan tumoraciones subcutáneas cambiantes (como los edemas de Calabar de la filiariasis Loa loa) y con los que producen surcos subcutáneos (Loa loa, "larva currens" del Strongyloides stercoralis, larva migrans cutánea y dracunculosis)

7. Tratamiento: Extracción de las larvas subcutáneas cuando sea posible. Actualmente se emplean, con buenos resultados, el albendazol y la ivermectina. El inicio del tratamiento puede producir la migración subcutánea de la larva.


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Observamos en las fotos los diferentes estados evolutivos de una lesión: De izquierda a derecha vemos el eritema, la lesión costrosa y la lesión serpiginosa con micro-vesículas, coronada por una ampolla.


© GEFOR Junio 2011

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