GEFOR
Tribuna de Opinión:

Microbiólogos, ¿a qué precio?
por el Prof. Vicente Ausina Ruiz. Publicado en el PAIS. TRIBUNA SANITARIA. 29 Marzo 2005.

Home Quienes somos FAQs Estatutos Fotos Consensos Novedades Buzón de contacto Links Encuestas Residentes Becarios Docencia Socios Colaboradores
SEIMC 
Microbiólogos

Microbiólogos, ¿a qué precio?

La microbiología clínica no es sólo una rama diferenciada de la microbiología, sino una actitud profesional definida.


Prof. Ausina.
 

La calidad de nuestro sistema sanitario es homologable, y en muchos aspectos superior, al de los países de nuestro entorno por la excelente formación de los profesionales que lo integran. Aún así, y a pesar de las reiteradas promesas en sentido contrario de los diferentes gobiernos, se pretende conceder títulos de especialista médico a profesionales que no han seguido los períodos de formación reglamentario y que no tienen los conocimientos necearios para poseerlos. Ahora le llega el turno a la especialidad de Microbiología y Parasitología, regulado recientemente en virtud del Real Decreto 1163/2002 de 8 de noviembre, y de la orden Pre/274/2004, de 5 de febrero.

 

La formación de especialistas en esta disciplina en España se realiza mediante el acceso de médicos, farmacéuticos, biólogos y químicos a un programa que se realiza en los hospitales del territorio nacional (exámenes MIR, FIR, BIR, QIR). Dicha formación se basa en un programa establecido por el Ministerio de Sanidad y Consumo y el Ministerio de Educación y Ciencia constituído por una parte docent, otra asistencial (y en consecuencia práctica) y otra investigadora. En ella se instruye en disciplinas teóricas y formación práctica a los futuros especialistas para la adquisición de conocimientos sobre etiología , patogenia, epidemiología, tratamiento y diagnóstico directo e indirecto de las enfermedades microbianas y parasitarias que afectan al hombre.

 

Asimismo se aplican estos conocimientos adquiridos al control de las enfermedades transmisibles, tanto en el ambiente hospitalario como en el extrahospitalario, y a la obtención del conocimiento básico de la organización y gestión de los servicios de microbiología clínica, para coordinar éstos, promover su reforma y reorientación y adecuar sus actividades a las necesidades, recursos disponibles y demanda de la comunidad.

 

En el campo de la microbiología la orientación de la disciplina es un elemento esencial. Existe una ciencia básica y diversas orientaciones de la misma: médica o clínica, industrial, de los alimentos, etcétera. A partir de esa elección, cada facultativo recibió una formación universitaria en microbiología radicalmente distinta de unos casos a otros. Y así, los biólogos, que tienen una excelente formación en microbiología fundamental, se han orientado hacia la ciencia básica; los químicos y bioquímicos carecen en absoluto de formación microbiológica previa, porque esta disciplina no se cursa en sus respectivas licenciaturas; y en el caso de la medicina, los profesionales estuvieron inmersos, desde el principio hasta el final de los estudios, en los problemas de la enfermedad y salud humana. La microbiología clínica, no es sólo una rama concreta y diferenciada de la microbiología, sino una actitud profesional perfectamente definida.

La colaboración entre los profesionales que abordan la microbiología desde diferentes ópticas puede ser muy enriquecedora, y sin duda necesaria, en los servicios de microbiología de más alto nivel asistencial en los que se desarrolla una importante actividad investigadora. Los puestos de trabajo que deberían ocupar estos profesionales, no médicos, tendrían que ser definidos por la Admisnistración y requieren un amplio conocimiento en técnicas instrumentales y biotecnología. Esto no supone, en modo alguno, que estos profesionales deban tener un título de especialista equivalente al especialista médico.

 

La posesión del título de especialista, obtenido tras los años de formación correspondiente, es un requisito necesario para el acceso a plazas del sector público que implican la denominación exacta o equivalente correspondiente. La extensión del título de especialista a profesionales no médicos (biólogos, bioquímicos o químicos) supone, en la práctica, que los diferentes profesionales son intercambiables entre sí, son el mismo tipo de profesional con las mismas competencias y orientaciones, lo cual es falso y puede conducir a graves disfunciones en los servicios dedicados a la atención del enfermo.

 

Para entender por qué se llega a esta situación incomprensible es necesario recordar algunos hechos de la historia reciente. Desde la convocatoria de 1989 del sistema de formación MIR, la Administración, al parecer por motivos jurídicos y con la oposición de todas las Comisiones Nacionales de las especialidade consultada, introdujo las figuras de los BIR y QIR ofertando plazas a biólogos y químicos. Con la aplicación del mencionado RD 1163/2002, de 8 de noviembre, se pretende conceder ahora el título de especialista a los profesionales que, desde entonces, han completado su período de formación.

 

Pero esto, aun siendo grave, podría entenderse para justificar errores previos y dar salida a estos profesionales que han seguido un programa reglado de cuatro años de formación en centros acreditados. La perversidad de la normativa legal que regula estos títulos de especialista está contenida en la Orden Pre/274/2004. Citaré, como ejemplo, una de las más llamativa en la que los químicos, biólogos o bioquímicos que estén colegiados para el ejercicio profesional  en sus correspondientes colegios oficiales pueden solicitar, mediante certificación oficial, expedida por los mismo, el título de especialista.

 

Consolidada, una vez más, la chapuza nacional vía legislativa, ahora todo queda en manos de las Comisiones Nacionales nombradas por el Subsecretario de Sanidad y Consumo para estudiar y fallar los expedientes presentados. El pasado día 13 de enero se reunieron  por primera vez estas comisiones, y sólo cabe esperar, para evitar lo que parece irremediable, que hagan una profunda reflexión sobre el tema, estudien con rigor los expedientes y sólo concedan el título de especialista a aquellos profesionales que acrediten conocimientos suficientes para tenerlos. Nuestro maltrecho Sistema Nacional de Salud y sus usuarios les agradecerán su rigor y esfuerzo.