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Introducción
La
microbiología clínica es una especialidad joven que se origina a finales de
los años sesenta en España de forma pionera. Dada la gran utilidad mostrada
desde sus orígenes, la especialidad experimenta un crecimiento exponencial.
Ello origina, en algunas ocasiones, la incorporación a la misma de
profesionales carentes de la necesaria madurez científica, pero que, dada la
necesidad de los mismos por la angustiosa situación de las infecciones en
los hospitales, demostraron una gran eficacia en la resolución inmediata de
los problemas.
Después de
dos décadas de expansión y afirmación de nuestra especialidad, en las que se
ha alcanzado un prestigio científico y profesional de primer orden con un
reconocimiento internacional, han empezado a aparecer problemas que pueden
afectar a la misma. Estos son de orden profesional, administrativo y de
pérdida de nuestra identidad hospitalaria y académica. Trataremos de
analizar algunos de estos problemas.
Desde los
comienzos entendimos que nuestra actividad no sólo se limitaba a la atención
individual del paciente, aportando datos indispensables para su diagnóstico
y tratamiento, sino también hacia una responsabilidad social por los
aspectos epidemiológicos que representan nuestros hallazgos. Ello se
manifestó por el desarrollo de la epidemiología hospitalaria y la creación
de los comités de infecciones, que fueron realidades gracias exclusivamente
a la iniciativa de los microbiólogos españoles, pioneros no sólo en Europa
sino también en el mundo. (1) La creación por decreto
de los servicios de medicina preventiva con unas amplias misiones, no bien
definidas, representó un primer punto de conflicto con los microbiólogos en
el área de la infección hospitalaria, conflicto aún no resuelto en algunos
hospitales.
El trabajo
del microbiólogo tiene, además, un impacto directo en la salud de la
comunidad, ya que su trabajo es la fuente más fiable para conocer la
etiología de las enfermedades infecciosas y las poblaciones microbianas
siempre cambiantes (2). Además, identifica los nuevos
patógenos y documenta los patrones de resistencia de éstos antimicrobianos.
Desde los
primeros momentos sentimos la necesidad de la existencia de los
especialistas en enfermedades infecciosas para formar el binomio
complementario clínico-microbiólogo y que así nuestro trabajo fuera más útil
(3-5).
Hace años
que definimos este binomio clínico-microbiólogo de la siguiente forma: “El
microbiólogo debe responder a las expectativas de los clínicos. Dentro de
este término comprendemos desde los especialistas en enfermedades
infecciosas hasta la práctica totalidad de especialidades médicas y
quirúrgicas. Las relaciones entre microbiólogos clínicos y especialistas en
enfermedades infecciosas deberán ser de cooperación, igualdad y
complementariedad. Esta colaboración se facilita con la existencia de
conocimientos comunes que se derivan de la formación clínica del
microbiólogo y de la necesaria formación microbiológica de los futuros
infectólogos. A nivel organizativo-administrativo ambos profesionales deben
integrarse, a ser posible, en un mismo departamento o división
interdepartamental. Puede ser aconsejable o conveniente que miembros de la
división tengan responsabilidades clínicas y de laboratorio. Los aspectos
epidemiológicos no deben separarse del diagnóstico y tratamiento del
enfermo, y esas responsabilidades deben residir dentro de un equipo
microbiólogo-clínico-epidemiólogo que actúe conjuntamente
(3-5).
El
microbiólogo debe ser a su vez clínico, habituado a plantear los aspectos
sintomáticos y sindrómicos de la enfermedad infecciosa: debe pasar del
laboratorio a la clínica y de modo inverso, según lo considere necesario,
sin sentir que pasa a través de una frontera que delimita su acción. Por
ello, el hábito de observar debe ir del microscopio, por ejemplo, a la
radiografía, buscando un complemento en los hallazgos.
El
especialista en enfermedades infecciosas conoce el arte de la clínica y
posee una sólida base de conocimientos orientados hacia la propia medicina
interna o sus diversas especialidades con una firme base a su vez de
patólogo general, coincidiendo en esto con la actitud intelectual del
microbiólogo. Las demás especialidades tanto básicas como clínicas, tan
necesarias en la resolución de los problemas que plantean las enfermedades
infecciosas, se deben integrar en ese binomio fundamental clínico
microbiólogo (5-8).
Ya en los
años setenta expresamos la necesidad de la existencia en España de
verdaderos especialistas en enfermedades infecciosas. La Comisión Nacional
de la Especialidad de Microbiología y la SEIMC ha apoyado repetidamente la
acreditación en enfermedades infecciosas, pero desgraciadamente esta
propuesta encuentra una gran oposición, poco definida pero eficaz por parte
de los internistas, lo que determina que aún no sea una realidad oficial con
sus vías lógicas de acceso.
El
nacimiento de la especialidad de enfermedades infecciosas pronto pone de
manifiesto conflictos en áreas comunes de interés para ambos, como el manejo
de la información generada por la microbiología, la infección hospitalaria y
las comisiones de infecciones y antibióticos. En el campo de la infección
hospitalaria el renovado interés que demuestran los especialistas de
enfermedades infecciosas se corresponde con una misión que ya anuncia
Eickhoff en 1984 (6) como actividad de la que se deben
ocupar prioritariamente.
El problema
actual, como aprecian algunos microbiólogos, no es compartir ideas,
actividades y responsabilidades dentro de unas áreas de actividad y misiones
que nos han sido propias, cuando no exclusivas, sino ser mediatizados o
desplazados de ellas por los infectólogos. Esta situación que se ha
producido en algunos hospitales puede agravarse en un futuro por la mejor
cualificación de los infectólogos. No podemos dejar de ser conscientes de
que los residentes de microbiología ante la falta de expectativas
profesionales, por la escasez de puestos y el exceso de especialistas
(Formamos un número de residentes doble que el de hematólogos o bioquímicos
clínicos), son cada vez más licenciados que han obtenido peores números en
el examen MIR.
Es obvio
que los infectólogos son los mejores clientes de los microbiólogos, pero no
son nuestros únicos, por lo que nuestra actividad no debe supeditarse
exclusivamente a ellos.
El
estatus y la identidad de la microbiología
El
segundo problema que se puede presentar es la amenaza de la pérdida de
nuestra identidad profesional y ser de nuevo englobados en el área de
“laboratorios clínicos”. La individualización de la microbiología clínica
supuso un largo e intenso esfuerzo, ya que no tiene sentido la globalización
con otras especialidades, con las que sólo tenemos en común el “laboratorio”
como lugar de trabajo. Por criterios economicistas de nuevo quieren aunar
todas las especialidades que desarrollan su actividad en los laboratorios.
Los analistas clínicos se han apresurado a crear una Sociedad, de adminisión
restringida, de dirección de laboratorios para controlar esta muy posible
situación futura. La solución adoptada para algunos pequeños hospitales de
realizar externamente todos los “análisis” por empresas ajenas, representa
un serio retroceso a la calidad de los cuidados médicos y especialmente para
la atención del paciente infectado. Parece como si fuera incompatible la
calidad con el control del gasto en esta prestación universal que es la
atención sanitaria a la población.
Recientemente asistimos al nacimiento de revistas y a la reorganización de
departamentos académicos en los que la microbiología pierde su entidad
tradicional o se ve mezclada con títulos basados en tecnologías
determinadas. Estas maniobras tratan de fraccionar la microbiología y
biología clásica, consiguiendo oscurecer las disciplinas tradicionales que
han desarrollado hasta ahora las capacidades necesarias para conocer el
mundo real.
Es cierto
que las técnicas moleculares, genéticas y el estudio de funciones celulares
específicas han aportado nuevas visiones sobre la biología y la medicina.
Incluso hay que aceptar que una determinada tecnología puede conducir la
investigación durante un período de tiempo, pero los microbiólogos hemos
estudiado siempre células de la forma más detallada que la tecnología
disponible nos ha permitido y ha sido precisamente la microbiología la que
ha desarrollado y aportado las técnicas que han permitido el nacimiento de
la genética molecular (originalmente genética microbiana). Como expresa
Murria (9) “los microbiólogos no podemos separar la
tecnología de nuestra profesión para generar un conocimiento de los
microbios como entidades celulares, consecuentemente oscurecer la
microbiología, agrandando y dando prioridad a la tecnología no tiene sentido
y no debe apoyarse. Sin embargo no siempre es fácil mantener esta opinión
porque la consecución de proyectos de investigación actualmente es más fácil
si los enfocamos según estas nuevas tecnologías, aunque ello conlleve una
pérdida del sentido global y de identidad de la microbiología, al
fraccionarse en técnicas, estructuras y funciones de los microorganismos”.
Todas las
Sociedades científicas deben defender la microbiología como una disciplina
central y esencial. Coincidimos con el comentarista Dixon
(10) cuando afirma: “La microbiología es una ciencia de primer orden
en este siglo y en el que ahora comienza, esta crisis actual pasará, ya que
es la expresión de una situación caprichosa y poco duradera, que
periódicamente afecta a todas las ramas del conocimiento”.
Es
necesario discutir ampliamente sobre el futuro de los departamentos de
microbiología: ¿deben cambiar de nombre?, ¿integrarse con otras ramas del
conocimiento porque ahora compartimos una misma tecnología molecular? Este
debate creo que debe ser intenso y aportarnos el conocimiento de cómo
podemos decidir nuestro futuro (11).
Los
cambios en los sistemas sanitarios y la microbiología clínica.
Coincidimos
plenamente, como no podía ser de otra manera, con los principales problemas
identificados en un coloquio organizado por la American Academy of
Microbiology (12) sobre el impacto que sobre el
presente y futuro de la microbiología clínica y de los microbiólogos tienen
los cambios que se están produciendo en los sistemas de salud y que podrían
ser los siguientes:
1.
Cambios en la población de pacientes. El envejecimiento de
la población, el incremento de la población inmunodeprimida, las nuevas
formas de presentación de algunas infecciones, las enfermedades emergentes
determinadas por nuevos estilos de vida y la extensión extrahospitalaria de
la atención médica condicionan nuevas formas de enfocar el diagnóstico y
tratamiento de estos pacientes. Esto supone nuevos métodos diagnósticos ,
nuevos enfoques de nuestro trabajo y el desarrollo de sistemas más eficaces
de transporte de muestras y de envío de la información al personal
sanitario.
2.
La revolución tecnológica. La introducción
de los métodos moleculares y la automatización han incrementado la rapidez
de nuestros diagnósticos, lo que, unido al uso de ordenadores, ha facilitado
la transmisión de los resultados. El microbiólogo clínico debe dirigir la
incorporación de estas nuevas tecnologías e intregrarlas con los métodos
clásicos de diagnóstico. Su principal responsabilidad es evaluar estos
procedimientos no sólo en su validez sino también en el aspecto de
coste-eficacia y elegir justificadamente una determinada tecnología para el
mejor diagnóstico y tratamiento de los pacientes. La elección de la
tecnología vendrá determinada por las disponibilidades económicas y
desarrollará conjuntamente con los clínicos unas normas de utilización de
los métodos diagnósticos para obtener los mejores resultados a un coste
razonable.
3.
Cambios en el personal de los laboratorios. Al mismo
tiempo que requerimos cada vez personas con mayores conocimientos y con
formación específica nos encontramos con una presión para reducir costes,
que nos inducen a admitir más personal técnico y auxiliar con una menor
preparación teórica y práctica.
El
director de la unidad de microbiología debe controlar la incorporación del
personal con capacidad y entrenamiento suficiente para supervisar los
resultados obtenidos por los sistemas automáticos.
El
problema del personal técnico es especialmente grave en España debido a la
falta de formación específica en microbiología del mismo y a la tradicional
ocupación de estos puestos por personal de enfermería.
4.
El microbiólogo clínico como consultor y educador. Dado
que la microbiología clínica es una ciencia no cuantitativa como la
bioquímica, sino interpretativa, es necesario mantener una estrecha
interacción con los clínicos. El microbiólogo no sólo debe generar e
interpretar datos en su dimensión biológica y médica sino también estar
disponible para informar al personal sanitario y conseguir así un cuidado
óptimo del paciente. La introducción de nuevas tecnologías y el
descubrimiento de nuevos patógenos determinan que el microbiólogo mantenga
un alto nivel de conocimientos actualizados, de forma que pueda cumplir con
su papel de consultor y sus funciones educadoras.
5.
Características del microbiólogo clínico. Es un
profesional que debe combinar un profundo conocimiento de la microbiología
con la capacidad de comprender los problemas clínicos. La microbiología
clínica, mucho más que otras especialidades de laboratorio, requiere una
íntima interacción con los clínicos porque los resultados de nuestro trabajo
sólo se pueden entender en un contexto clínico. El responsable del
laboratorio de microbiología debe poseer suficientes conocimientos médicos
para relacionarse con los clínicos en igualdad (5,12).
Sólo los profesionales con suficientes conocimientos básicos, capacidad de
enseñanza y la debida acreditación serán aceptados como compañeros dentro
del equipo sanitario actual.
Un
debate tradicional, al menos en los EE.UU., es si los médicos (MD) o los
Philosofical Doctors (PhD) (Allí existe la microbiología como una
licenciatura) son las personas más capacitadas para dirigir un laboratorio
de microbiología clínica. Este debate, que se originó en Pensilvania ha
permanecido de forma constante hasta nuestros días (13).
La conclusión de esta controversia es que esa elección no debe basarse en la
licenciatura realizada sino en la educación recibida, el entrenamiento
específico y la experiencia personal (13,14).
En el
caso actual de España la posible polémica no se plantea entre médicos,
farmacéuticos y biólogos que hasta ahora hemos convivido armónicamente, sino
ante la situación de que infectólogos ocupen jefaturas de laboratorios de
microbiología. SI bien es cierto que poseen el necesario título de
especialista, en realidad en algunos casos carecen de la formación
específica y la microbiología está supeditada a sus objetivos clínicos.
Esto es una situación anómala que debiera acabar cuanto antes puesto que al
contrario, un microbiólogo como jefe de enfermedades infecciosas es
actualmente difícil de imaginar en España, con nuestra rígida estructura
administrativa. Posiblemente con la aprobación de la subespecialidad en
enfermedades infecciosas , estas personas encuentren su ámbito profesional
facilitado por los departamentos de medicina interna.
6.
El cambio en la situación económica. Desde hace años en
todos los países industrializados se considera prioritaria en la atención
sanitaria la reducción de costes sin deterioro de la calidad. Una de las
soluciones que se han adoptado es la centralización de los laboratorios,
entre ellos los de microbiología, pero este posible beneficio económico se
enfrenta con la desventaja que produce el alejamiento entre el laboratorio y
el clínico. Además, el transporte de muestras a laboratorios lejanos produce
una pérdida de calidad de la información obtenida, reduciéndose en
consecuencia las posibilidades de identificación de algunos patógenos y la
información indispensable para el diagnóstico. Al mismo tiempo este
alejamiento condiciona la selección de los métodos diagnósticos.
Igualmente, esta situación puede condicionar retrasos en los resultados y
globalmente puede conducir (12) a la prolongación de
la estancia del paciente en el hospital, a la repetición de diagnósticosy al
uso inadecuado de antimicrobianos.
7.
El continuo aumento de los conocimientos.
Este aumento exponencial, los cambios en los patrones de las
enfermedades infecciosas y los cambios demográficos que condicionan una
población más envejecida condicionan la necesidad de disponer y transmitir
de una forma rápida y eficiente de la información. El microbiólogo se
encuentra en una situación en que difícilmente llega a ser consciente de
toda la información disponible o no puede asimilarla. Él, a su vez, debiera
difundirla a los clínicos, estudiantes y miembros de su servicio o unidad.
En los EE.UU. es el
American College of Microbiology el que, en conjunción con la ASM y la
American Academy of Microbiology, ha tomado la responsabilidad de organizar
unos mecanismos de difusión de la información tanto en forma electrónica
como en las tradicionales, escritas y orales (12)
El
futuro de la especialidad.
Muchos
de nosotros estamos muy preocupados por los que puedan afectar a nuestra
especialidad los cambios que se van a producir en los sistemas de salud y
que también afectarán a los puestos de trabajo.
El
microbiólogo clínico con su trabajo diario influye directamente en la
calidad y coste de la atención médica. Así reduce el tiempo necesario para
el diagnóstico seleccionando los métodos y procedimientos adecuados, elige
los antibióticos efectivos para el tratamiento y facilita los datos para
prevenir la difusión de la infección.
El
principal problema que encontramos los responsables de los laboratorios de
microbiología en España es que para una posible reducción de los costes de
nuestros diagnósticos no se nos solicita una colaboración de forma seria,
posiblemente porque muchos hemos señalado al capítulo de personal como el
más importante y con el que se podría reducir costes. La Administración
aparentemente no quiere considerar esta propuesta y prefiere transferir a
una compañía externa la solución de este problema.
Creemos que habría que reaccionar de la forma más enérgica y eficaz posible,
no por un espíritu corporativista y de defensa de los puestos de trabajo,
sino en defensa de la microbiología clínica de calidad como instrumento que
mejora la atención al paciente, centinela de la salud pública y un
instrumento indispensable en la docencia y la investigación. De no conseguir
mantener la calidad, mejorando y reduciendo los costes, llegaremos
probablemente a una solución profundamente injusta para los pacientes, como
la que tienen muchos hospitales americanos, en los que los laboratorios que
ofrecen atención directa a los pacientes tienen un bajísimo nivel de calidad
por sus escasos recursos y en los que se realiza sólo un trabajo de rutina,
mientras que los laboratorios de investigación situados en el mismo hospital
tienen en algunos campos específicos un nivel extraordinario, pero del que
no se benefician los enfermos del hospital de una forma directa o indirecta.
Otro
aspecto fundamental en la defensa de la especialidad es mejorar la calidad
de nuestros microbiólogos. Creemos que esto se conseguiría con varias
medidas: en primer lugar, reduciendo el excesivo número de plazas de
residentes (en 1998 se han ofertado 83, mientras que hematología tuvo 54,
anatomía patológica 55 y bioquímica clínica 50). Ello conllevaría la
aparición de puestos de trabajo que actualmente se encubren por los
residentes (en algunos servicios actualmente hay hasta 16). Al mismo tiempo
se deberían reducir las unidades acreditadas para la formación a aquellas de
mayor nivel científico (En España hay tres veces más que en los EEUU).
Debemos actualizar y mejorar los programas de formación. Por cierto, nuestro
programa se diseñó para médicos y no creemos que sea adecuado para otros
licenciados, especialmente biólogos y químicos que carecen de los
conocimientos necesarios para capacitarse como microbiólogos clínicos con
este programa para licenciados en medicina.
En el
futuro inmediato el microbiólogo clínico no sólo debe tener la capacidad de
ofrecer lo que nuestros pacientes nos demanden, sino también la exigencia
social de controlar los costes sanitarios. Pero, debemos realizarlo en una
situación difícil, dadas las infecciones emergentes que siguen apareciendo y
los problemas de especies multirresistentes. Aquellos microbiólogos que no
sean capaces de cambiar con los tiempos quedarán atrás y los que se unan al
futuro puede que continúen (15)
Finalmente, debiéramos aprender de nuestros compañeros de los EE.UU. que se
han organizado para la defensa de la especialidad a través de la división C
de la ASM, de la American Academy of Microbiology y recientemente a través
de un Collage. Coincidimos con ellos en que debe tomarse una postura activa
porque “es mucho más productivo ser agente del cambio que ser víctima del
mismo”. La SEIMC debiera formar un grupo de trabajo permanente que se ocupe
de la misma forma de estos aspectos profesionales.
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