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San Roque, nacido en Montpellier, ocupaba un lugar destacado entre los catorce auxiliadores –santos y mártires populares – como abogado contra la peste. En su honor se erigían iglesias, como la de Bingen en la montaña de San Roque, y se celebraban fiestas conmemorativas. Hoy en día aún, las oraciones y los retablos son testimonio de su gran popularidad.
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