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Esta vasija de barro de la costa peruana es el testimonio de que la leishmaniosis estaba extendida en la época anterior a los incas.
Numerosos recipientes en forma de figura humana muestran alteraciones faciales típicas de la leishmaniasis.
En 1897, Albert S.Asmead, médico americano de leprosos, ya notó que se repetían a menudo en vasijas con forma humana las mutilaciones faciales de origen infeccioso.
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