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Thomas Sydenham (1624-1689), eminente médico británico llamado el "Hipócrates inglés", se mostró primero escéptico respecto al uso de la corteza de quino contra el paludismo.
Su actitud obedecía probablemente a prejuicios puritanos, ya que la quinina fue traída del Perú por los jesuitas, de ahí que se la llamase también polvo de los jesuitas.
Sydenham cambió de opinión posteriormente recomendando asimismo el uso de la quinina en su libro "Methodus curandi febres" (1666).
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