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Estimulado por la labor de Pasteur, el médico español Ferrán, que ejercía en Tortosa (Tarragona), descubrió una vacuna anticolérica, preparada con vibriones vivos y ensayada en animales sanos.
Este método no tardó en demostrar su eficacia en el hombre. Las personas vacunadas padecían una forma leve de la enfermedad, con fiebre y diarrea, pero no la contraín al declararse una epidemia.
Los ensayos realizados en diversas ciudades se vieron coronados por el éxito. Sin embargo, el entonces ministro de la Gobernación, Romero Robledo, prohibió la práctica de la vacunación según el Dr. Ferrán, prohibición que posteriormente se levantó.
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