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Testimonio de que las curaciones milagrosas no sólo se producían en los lugares de peregrinación, sino que los reyes también poseían el don de curar tocando con su mano al enfermo, es esta imagen mostrándonos a Enrique IV de Francia .
En determinados días, este monarca recibía en audiencia a paralíticos, cancerosos, tuberculosos, ciegos e histéricos, muchos de los cuales, se dice, sanaban después de que el rey los hubiese tocado con la mano.
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