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Tiene que ver con la investigación conocida como "El estudio Tuskegee de la sífilis no tratada en los varones de raza negra". Tuskegee es una pequeña ciudad de unos 13.000 habitantes y sede de Macon County al este de la parte central de Alabama. Data de 1833 y tomó su nombre de Taskigi, una aldea india cercana. Tuskegee es más conocida por su instituto docente, una facultad para estudiantes negros. Comenzó siendo una escuela primaria y secundaria, pero luego fue elevada a rango de universidad y ahora ofrece cursos de graduación en ciencia, ingeniería, educación, arquitectura y otras carreras.
Existían ciertos indicios de prejuicios raciales en la región. Se hizo un intento por parte de la legislatura del estado en 1957 para excluir a la mayoría de votantes negros de las listas electorales mediante el cambio de los límites de la ciudad. Por suerte, esto fue impedido por la corte suprema en 1960, que declaró inconstitucional la maniobra. En 1972 fue elegido el primer alcalde negro, John Ford.
En 1932, el departamento de salud del gobierno local tomó una decisión extraordinaria, por la cual se denegaba cualquier forma de tratamiento eficaz a los hombres negros que padecieran sífilis. La idea era la de obtner un gráfico del progreso de la enfermedad y comparar la salud de los que la padecían con los hombres negros que no tenían sífilis. Ninguno de ellos sabía que el tratamiento se había detenido. De hecho, debido a que asistían a centros médicos gubernamentales, daban por supuesto que estaban siendo tratados.
Los antibióticos, utilizados ahora con un efecto excelente en el tratamiento de la sífilis , no estuvieron disponibles en general hasta alrededor de 1945, pero en el momento de iniciarse el estudio, la sífilis de trataba con drogas de arsénico orgánico. Paul Ehrlich había ganado el premio Nobel en 1908 por el descubrimiento del salvarsán (arsfenamina), y una versión mejorada, el neosalvarsán (neoarsfenamina), constituyó el tratamiento estándar hasta el desarrollo de la penicilina en 1943. La neoarsfenamina requería una larga serie de inyecciones, en algunos casos durante dos años, pero conseguía en la mayoría de los casos la recuperación completa y erradicaba la infección.
Para la prueba se reclutaron 399 hombres de raza negra y, ni siquiera cuando se dispuso de penicilina, ninguno recibió tratamiento. A pesar de que se habían expresado serias dudas acerca de la utilidad del estudio, éste siguió adelante. Cuando finalmente se detuvo, como resultado de las protestas de la década de 1970, un centenar de hombres habían muerto de sífilis, cuarenta viudas habían contraído la enfermedad y diecinueve niños habían nacido con sífilis congénita.
El aspecto realmente horripilante del asunto es que la sífilis había despertado previamente una enorme atención por parte de los médicos, y cada detalle de la enfermedad era ya bien conocido y se hallaba exhaustivamente documentado. Debido a sus efectos médicos de amplio alcance y al especial interés patológico, era, de hecho una de las enfermedades mejor conocidas. En los libros de texto y en las revistas médicas se podía hallar gran cantidad de información clínica y patológica en relación con la sífilis no tratada, y no hay razón para suponer que este estudio fuera a añadir nada al conocimiento médico.
Después de detener la prueba, el Gobierno de Estados Unidos empezó a indemnizar a los participantes con pagos y tratamientos médicos gratuitos. No admitió, sin embargo, haber hecho nada malo hasta el 16 de mayo de 1997, cuando el presidente Clinton, en una ceremonia en la Casa Blanca, pidió perdón formalmente. De los ocho participantes que seguían todavía con vida, cinco asistieron a la ceremonia.
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