CAPÍTULO PRIMERO

K. Fraenkel, S. A. Andrée y N. Strindberg
Julio de 1897
En la desolada isla de de los daneses (Danskøya) del archipiélago Spitsbergen,
más allá del círculo polar ártico, un imponente globo de hidrógeno de 60 metros de altura se alza, cautivo,
cerca de la orilla. Una multitud de gente se arremolina a su alrededor: trabajadores, curiosos, diplomáticos ...
Entre todos ellos un sueco alto y fornido, rubio y de grandes bigotes va dando órdenes aquí y allá mientras espera
que el viento sople del Sur. Se trata de Salomón August Andrée.
Andrée había nacido en 1854. A los 30 años consiguió un puesto de ingeniero en la Oficina Real de Patentes
en Estocolmo. Pero sus inquietudes eran otras, era un apasionado de la tecnología y aún en mayor grado de los globos.
En 1893 se compró su primer globo, el Svea. Con él hizo, al menos nueve viajes, recorriendo unos 1.500 km.
Poco después comenzó a desarrollar su gran sueño. Un largo viaje en globo de hidrógeno que partiría desde el archipiélago Spitsbergen,
cruzando el océano ártico hasta Rusia o Canadá y sobrevolando en su trayecto el polo norte o zonas muy próximas a él.
El viaje era descabellado. Nada se conocía acerca de las corrientes de aire en el Ártico. El tema de la dirección y gobernabilidad
de los globos aerostáticos tampoco estaba resuelto en aquella época. Andrée había diseñado un sistema de pesados cables de arrastre
que junto un sistema de velas esperaba le llevasen camino al norte. Los pilotos de globos con más experiencia, sobre todo los franceses,
no salían de su asombro. Tras convencer a la Real Academia de las Ciencias de Suecia y a la Sociedad Sueca de Antropología y Geografía
para que le avalasen comenzó una intensa campaña en los medios de comunicación suecos hasta que finalmente la expedición se vivió como algo nacional.
Era una época en la que los nacionalismos estaban en auge y Suecia no quería pasar desapercibida en la lucha por la conquista del polo.
Por fin en el verano de 1896 se planta en Spitsbergen junto con sus compañeros Nils Gustaf Ekholm, un reconocido meteorólogo y Nils Strindberg,
un joven estudiante e investigador muy aficionado a la fotografía. Hasta allí llega con su globo de 20.5 m de diámetro que había encargado previamente al
mejor fabricante de globos de Paris en aquellos años: Henri Lachambre. El globo, al que puso el nombre de Örnen (El Águila), llegó a la isla desmontado,
sin haberse probado ni una vez. Durante las semanas que pasaron esperando que el viento soplase hacia el Norte, Ekholm comprobó disgustado que el globo perdía mucho hidrógeno
por las costuras. Tanto que calculó que no aguantaría ni quince días sin caer al hielo ... Finalmente el cambio del viento no se produjo, así que desinflaron el globo,
lo guardaron en un hangar que habían construido en la isla y se volvieron a casa un tanto cabizbajos.
Para el intento de 1897 las cosas habían cambiado. Ekholm, el ilustre metereólogo se negó a tomar parte de una expedición tan descabellada. En su lugar,
Andrée puso al ingeniero de 27 años Knut Frænkel para reemplazar a Ekholm. Durante el viaje llevó un diario metereólogico que ha sido muy útil para conocer lo ocurrido.
Por otra parte, la opinión pública exigía resultados. Otro fracaso no sería fácil de explicar.
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11/07/1897 El Örnen inicia su viaje hacia el norte
11 de Julio de 1897.
Por fin el viento sopla en la dirección adecuada, y a las 13.43 Andrée y sus compañeros suben a la barquilla.
Minutos después Andrée da la orden de cortar amarras y la multitud despide al Örnen con pañuelos blancos de seda mientras se eleva
majestuoso y se dirige en dirección nordeste con las cuerdas de arrastre dibujando surcos en el mar. El inicio del viaje fue calamitoso.
Las sogas se enredaron y por poco dan con el globo en el agua. Hubo que cortar varios trozos, y lanzar sacos de arena por la borda para que
el globo pudiese remontar el vuelo. En unos minutos se había librado de unos 750 kg. de lastre. Al poco tiempo el globo desapareció en la neblina
del horizonte dando tumbos en el espacio.
A partir de este momento nadie volvió a ver con vida a los exploradores.
Andrée llevaba palomas mensajeras y unas cuantas boyas para enviar mensajes. Eran sus únicas formas de comunicación con el resto del mundo.
Solo se han encontrado dos mensajes en boyas y ambos se soltaron el mismo día 11 con un intervalo de pocas horas. En ellos se comenta la situación,
altitud y algún comentario optimista (“Espíritus en alto ...”). De las cuatro palomas que soltó Andrée sólo una fue recuperada: la cazaron
unos noruegos cuando se posó en su barco que navegaba por la zona. La nota está fechada el 13 de Julio, indica la posición y acaba con un “Todo bien a bordo”.
La verdad era muy diferente. Según los diarios del propio Andrée, el globo se mantuvo en el aire no más de diez horas y media desde su partida. El resto del viaje
fueron sucesivos encontronazos con la banquisa, hasta que el 14 de Julio a las 7.30 se paró definitivamente. Tras esto el silencio.
Durante dos años se sucedieron las operaciones de búsqueda. Luego el interés fue decreciendo, pero no desapareció. De vez en cuando salían noticias
en la prensa sueca sobre supuestos hallazgos y avistamientos que nunca se confirmaban. Pasaron 33 años.

Andrée y Fraenkel junto al globo caido en la banquisa.
Foto sacada por Strindberg el 14 de Julio de 1897
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